Recuerdo la primera vez, fue en Cerler (Aragón), madrugón, cansancio, dolor…suena divertido!! La verdad es que hasta que llega el momento de deslizarte por la pista, pasas por un verdadero calvario. Madrugas para estar en una cola interminable cuando abran los remontes, te pones la ropa adecuada, que merecería un capitulo aparte y te diriges a los remontes, suele ser en el momento en que dejas el coche y te pones las botas de esquí cuando te preguntas por que has decidido esquiar, pudiéndotehaber ido a pescar… Las botas de esquí fueron diseñadas por algún loco psicópata…pero la verdad, es que al menos evitan que te caigas mientras haces cola en los remontes. Los remontes o telesillas, otro invento de alguien que escapo de un manicomio. Cuando llegas por fin a la cima (y consigues bajarte del telesilla sin matarte tu o a otros, te colocas al inicio de la pista (verde, azul, roja o negra, en orden creciente de dificultad) y comienzas a deslizarte…si sabes esquiar, perfecto, te alegraras al ver que el madrugón y las colas han merecido la pena, si no, solo tienes que hacer “cuña”…como si fuera tan fácil…tras un par de días de sufrimiento, miedo y dolor, empezaras a soltarte (si es que no has cogido la caña de pescar) y empezaras a disfrutar de verdad haciendo “el paralelo”. Sinceramente, tras esta primera experiencia debo decir, que no hay nada como deslizarse montaña a bajo, entre pinos, sintiendo el aire en la cara, sin esfuerzo…es una sensación maravillosa. Los que esquían sabrán a lo que me refiero, a los demás, les animo a probarlo, resistid los primeros días, no desistáis, no os rindáis, luego os alegrareis, además, pensad que los peces siempre os estarán esperando y no os preguntaran de que son los moratones.